martes, 17 de diciembre de 2013

¿Quién me robó la verdad?

Es interesante ver lo que sucede en redes sociales y diversos medios de comunicación, donde un montón de personas publican noticias como dueños de la verdad. Últimamente las personas creen que nadie más puede tener la razón, lo que empeora el respeto por la opinión de los y las demás, siendo una bofetada al derecho democrático por el libre pensamiento.

No escribo esto desde una posición ideológica per sé, sino que lo desarrollo desde la visión personal, siendo esta abierta a ser refutada o apoyada.

Se evidencia en diversos medios el cómo apoyar a un candidato a la presidencia (elecciones 2014 Costa Rica) se convierte en la férrea forma para deslegitimar el pensamiento del otro o de la otra; es decir, por ser de la izquierda uno es un "chavista", mientras que ser de la derecha es ser un "idiota".

Yo no dudo que en cantidad de años que el oficialismo y la misma élite que ha concentrado el poder ha enajenado a la población costarricense; sin embargo, tampoco dudo que algunas personas en su libertad de criterio realmente apoyan la posición ideológica de su partido o simplemente se muevan por un beneficio intrínseco.

¿Cómo saberlo? Preguntando un simple "¿Por qué?" No es lo mismo responder con argumentación sólida a un simple "por que sí"

¿Pero que pasa con las personas que brindan ese tipo de respuestas?

Pues hay que educarlas; pero no puede ser una educación que mantenga el mismo régimen enajenador de las élites, sino que busque la real consciencia de la gente en apoyar una determinada postura ideológica, porque de nada sirve querer intentar cambiar el sistema si nosotros(as) mismos(as) somos quienes lo mantenemos.

Retomando el tema anterior; siempre nos han hecho creer que vivimos en una sociedad llena de paz, donde el respeto y la tolerancia nos enmarca y no existe un ejército. Yo creo que esta contienda electoral también manifiesta la cultura agresiva del costarricense, siendo incapaz de leer y tolerar, pero sí realmente útil para atacar a quienes piensan distintos a cada una de las personas.

Es evidente que existe una lucha por el poder; una lucha igual de agresiva que años anteriores, pero aun más visible por los avances de las redes sociales y la internet. No quiero decir con esto que el cuestionar esté mal (aunque dependiendo de los caso se enmarca dentro del poder de una ideología sobre la otra), sino que la desinformación y el irrespeto por las demás personas por pensar diferente no debe ser la túnica en el objetivo de recuperar valores democráticos como la tolerancia, la escucha, la disertación asertiva y otros que parecen estarse perdiendo en esta contienda electoral.

Al fin y al cabo, nadie será dueño o dueña de la verdad (ni siquiera yo en este escrito lo soy), porque no existe verdad absoluta, sino una serie de constructos que enmarcan nuestra realidad, mas no necesariamente será la misma que las demás personas.

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